PROTAGONISTAS OLVIDADOS DE LA CRUZADA DE LOS 33 ORIENTALES

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INTRODUCCIÓN: La cruzada libertadora del General Juan Antonio Lavalleja y los 33 Orientales ha sido a lo largo del tiempo motivo de muchos estudios y análisis, de ríos de tinta y vientos de palabras que nos han ilustrado de lo épico de la gesta, hito fundamental en la autodeterminación futura de los pobladores de la Banda Oriental.  Sin duda un punto de inflexión en la historia, que la bravura de ese conjunto de hombres convirtió de sueño en realidad.


Es abundante la literatura sobre los 33 Orientales, y por cierto la merecieron y la merecen.  Pero no fueron solo esos 33 hombres los forjadores de la gesta.  Existieron otros héroes anónimos que dieron lo mejor de sí mismos por esa expedición libertadora, y que por resortes ignotos del comportamiento de los intérpretes de la historia han permanecido en el silencio, por no querer decir el olvido.  Entonces, estas líneas están destinadas a sacarlos de las sombras, de exponerlos al conocimiento público, como una demostración de gratitud por lo que hicieron por la Patria.

A los simples efectos de conocerlos mejor, se ha tomado la libertad de dividirlos en grupos, que reflejan cada uno el tipo de actividad que les cupo desempeñar en la oportunidad.  Así, veremos la gente que participó en la preparación en Buenos Aires, los hombres de mar, el grupo de la playa Agraciada y la Familia Ruiz.
EL GRUPO BUENOS AIRES

Desde el momento en que abandonó la Banda Oriental, Lavalleja trató por diferentes medios de organizar un ejército para volver a liberar el suelo patrio.  Así, por 1823 fue aconsejado por el Gobernador de Santa Fe, su amigo Estanislao López, de acudir al vecino Entre Ríos donde el Gobernador Mansilla le daría apoyo.  Pero este estaba a finalizar su mandato, y en febrero de 1824 el pedido se formalizó ante el nuevo gobernante, León Solas, quien le prometió un escuadrón de caballería y 3.000 pesos, los que estarían prontos en Mandisoví el 1 de octubre.  Pero pronto Lavalleja percibió que se trataba de una oferta hueca, pues Solas temía verse invadido por los portugueses, por lo que el 20 de junio de 1824 descartó esta ayuda y marchó a Buenos Aires.

Allí arrendó el saladero que Don Pascual Costa tenía en San Isidro, para distraer a los portugueses que vigilaban sus movimientos y para dar trabajo y sustento a los compatriotas que lo acompañaban en sus ilusiones, quienes entonces eran: Manuel Oribe, Manuel Lavalleja, Simón del Pino, Manuel Meléndez, Juan Spikerman, Jacinto Trápani, Pablo Zufriategui, Atanasio Sierra, Manuel Freyre y Basilio Araújo. 
Lavalleja recibió entonces las primeras muestras de apoyo a la cruzada, por parte del ya citado Costa, de Luis Ceferino de la Torre (1799-1869), dueño de una importante casa comercial de Buenos Aires, y de Pedro Trápani, propietario de un saladero de Ensenada.  Este último realizó una colecta tipo suscripción entre otros comerciantes simpatizantes de la causa, obteniendo donaciones de Gregorio Gómez,  Miguel Riglós, Ramón Larrea, Félix Álzaga, José María Coronel, Manuel Haedo, Pedro Lezica, Juan Molina, Miguel Gutiérrez, Esteban Eastman, Miguel Maun, Manuel Lezica, Alejandro Martínez, Ramón Villanueva, Juan Pablo Saenz Valiente, Julián Panelo, Juan Pedro Aguirre, Mariano Fragueiro, Ruperto Albarellos, Juan Arriola, Lucas González, Lorenzo Uriarte y de los hermanos Juan, José y Nicolás Anchorena Y Rosas.  Hubo también dos donaciones anónimas, por parte de quienes dijeron apodarse “El amigo de los Orientales” y “JG”.  En total, Trápani juntó 159.000 pesos, cifra muy importante para la época.

La Bandera de los 33 Orientales fue confeccionada por Josefa Cavia de de la Torre, esposa de Luis Ceferino, la que regenteaba un negocio de ropería en Buenos Aires, y la confeccionó en cortes de lanilla inglesa.  La inscripción “Libertad o Muerte” fue pintada por el pintor suizo Jean Philippe Goulu (1786-1853), retratista  ginebrino radicado en Sudamérica desde 1817, y en Buenos Aires desde 1824, donde se casó con la lugareña Rosa Chabri, permaneciendo definitivamente en la ciudad hasta su muerte.
Otra persona que colaboró de forma discreta con la expedición fue Don Juan Manuel de Rosas, de quien hoy se sabe fehacientemente que ofició de emisario reservado de Lavalleja en Santa Fe, Entre Río y la Banda Oriental.  En particular, se destacan las entrevistas que sostuvo con Fructuoso Rivera (entonces al servicio de las armas brasileñas) bajo la excusa de negocios ganaderos.
LA GENTE DE MAR

Un lugar destacado en la gesta de los 33 Orientales lo ocuparon los chalaneros, quienes con sus embarcaciones y su conocimiento profundo del lugar trasladaron a los héroes de una ribera a la otra del Plata.  Si bien no se ha podido confirmar el número exacto de las embarcaciones intervinientes, si fueron dos o tres, sí se conoce a sus hombres.  Ellos son:

>  El chalanero Irigoytía    Fue el patrón de la lancha donde viajó Lavalleja.  No se ha podido determinar con exactitud su nombre.  En un registro de 1837 figura como N. Irigoitía, en otro del mismo año como Juan Irigoytía, mientras que en un padrón de 1834 del Partido Rincón de Aldao aparece un patrón de chalana Martín Irigoitía, de 39 años, casado con María Espinosa, con la que tenían tres hijos: Rosa de 12 años, Rafael de 4, y Ángela de 2; y una esclava: Juana, de 22 años.  Irigoytía fue una de las personas que participó concientemente del desembarco, ya que no solo transportó a los hombres de la gesta, sino que vivió con ellos los duros días de espera en las islas del Delta, y además realizó varios cruces en los meses previos trasladando a Manuel Oribe, Andrés Cheveste y Manuel Lavalleja para tareas de inteligencia y de preparación del terreno.  El 19 de abril, luego del desembarco, no abandonó a los patriotas, sino que permaneció a su disposición tres días con la chalana oculta en el arroyo Gutiérrez, hasta que el 23 Lavalleja lo envió a Buenos Aires con correspondencia

>  El compañero Gaetan   No se sabe con certeza si su apellido fue Gaetan o Gaitán.  Un relato de Laureano Ruiz y José María Pinedo (testigos presenciales del desembarco) menciona que el Chalanero Irigiytía partió de regreso a Buenos Aires desde el Arenal Grande “.... con su compañero Gaetán ....”.  Por otra parte, el relato de Domingo Ordoñana indica “.... la flotilla expedicionaria se hizo a la vela dirigida por los prácticos Juan Irigoytía y José R. Gaetan ....”.  Otro dato ilustrativo surge de un Decreto de la Cámara de Representantes de 1873 estableciendo pensiones a la viudas de héroes y colaboradores, en el que se menciona a José Remigio Gaitán, pero el texto de la posterior ley que lo instrumenta lo da como José M. Gaitán.  Como complemento, en el Libro de Defunciones de la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores de Nueva Palmira, se registra un José Gaytán, argentino, casado con Isabel Cabral, fallecido el 6 de abril de 1875 a la edad de 63 años.  Esto supone que si fuera la misma persona, habría tenido 13 años en 1825, lo cual no es de descartar, porque se desempañaba como ayudante del chalanero, y para la época esa edad no era tan joven.

>  El carpintero Sacarello    Esta persona está claramente identificada, y gracias a su larga vida dejó testimonios para la posteridad e incluso llegó a ser fotografiado.  Luis (Luigi) Sacarello nació el 12 de junio de 1806 en Génova, arribando al Río de la Plata en 1821, trabajando como carpintero de ribera en la zona de Barracas (Buenos Aires).  Colaboró con la preparación de las chalanas que hicieron el cruce, e hizo el viaje en la comandada por Lavalleja.  Posteriormente, se unió a la flota del Almirante Brown, participando de todos los combates contra la flota portuguesa.  En 1837 se radicó en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, y de sus últimos días solo se sabe que en agosto de 1893 vivía en la indigencia total. 

>  El botero Santiago de Anca   Existen discrepancias sobre su participación en las jornadas de abril de 1825, pero no de su colaboración con la gesta, ya que está confirmado que trasportó patriotas en varias oportunidades para tareas de información y de coordinación de las ayudas al desembarco.  Fue también marinero de la escuadra de Brown y está confirmada su participación en el combate de Juncal.  Nació el 25 de julio de 1806 en el pueblo de Belén, Banda Oriental, y dijo haber cruzado los Andes por Uspallata en la comitiva mujeril que acompañó la expedición libertadora de Chile.  Dos días antes de la cruzada, embarcó en la Goleta Pepa, despachada como señuelo para distraer las fuerzas navales brasileñas presentes en la zona.  Murió el 3 de marzo de 1894 en la ciudad de Mercedes.

>  Barca Antonio   Comerciante griego, era propietario de la Goleta Pepa, la cual en 1825 estaba al servicio del Gobernador de Buenos Aires, General Gregorio Las Heras.  La tripulaban el Capitán Jerónimo Sciurano (alias “Chentopé”) y 52 guardias nacionales.  Unos días antes del cruce de los 33 Orientales, Las Heras  la envió para distraer las fuerzas navales brasileñas que patrullaban la zona del Delta, tarea que cumplió con éxito, aunque a costa de su apresamiento y traslado a Montevideo, donde fue liberada una semana después al no habérsele probado ninguna irregularidad.

>  El Capitán Chentopé   Este era el apodo dado al Capitán Jerónimo Sciurano por un grupo de marineros sicilianos de la Goleta Pepa, y que significa “Ciempiés”.  El mote surgió por su uso de unos zapatones con suela de madera, que al chancletear producían una especio de doble golpe fuerte sobre la cubierta.  Su participación en la gesta libertadora ya fue descrita, y posteriormente se unió a la escuadra de Brown hasta la finalización del conflicto.

>  Otros Chalaneros    Se conoce el nombre de solo tres chalaneros, pero se sabe que hubieron otros tres más, cuyos nombres se perdieron en la noche de la historia.  Sin embargo, para ellos también va este sentido homenaje.
EL GRUPO DE LA PLAYA LA AGRACIADA
Cuando los patriotas arribaron a la Playa La Agraciada se encontraron pronto con un grupo de personas que estaban esperando para brindar su ayuda, de quienes mencionaremos a los siguientes:
Cipriano Saavedra   Poco se sabe de su pasado; se presume que fuera hijo de Juan Saavedra, quien tenía estancia a un lado del arroyo Arenal Grande.  También chalanero, ofició de baqueano al remontarse los arroyos para desembarcar los pertrechos lejos de la costa.
Manuel Mesa   Se supone que era poblador de la zona.  Cuando se desarrolló el combate de San Salvador, cayó abatido de un tiro.

Florentino Díaz   Lo poco que se sabe es que, además de recibir a los 33 Orientales, había actuado en algunas oportunidades como estafeta entre la costa y diferentes puntos de la Banda Oriental, por lo que cabe presumir que conocía los planes de desembarco desde antes del 19 de abril.
Feliciano Fuentes y Mariano Rodríguez    Vecinos de la zona, se desconocen más datos.
Manuel Rivero   Se unió a la campaña en el desembarco.  En agosto de 1825 figura en la nómina de la Compañía de la Guardia de las Vacas (hoy Carmelo), bajo las órdenes del Capitán Tomás Gómez.
Juan Antonio Medina   Alcalde del pueblo Las Víboras.
El Pardo Camacho   Peón de la estancia de Tomás Gómez.
Rafael Uriarte   Venido de San Fernando, Buenos Aires, estaba en la playa al arribo de la cruzada, y a ella se unió hasta el final.

José María Padín    Nacido en Buenos Aires en 1799, estaba en Soriano el 19 de abril, colaborando con el desembarco y uniéndose a las tropas de inmediato.  Combatió en Ituzaingó bajo el mando del Coronel Ignacio Oribe.  Falleció en Nueva Palmira en 1881.
Carlos Rodríguez    Ayudaba a Tomás Gómez a arriar la caballada destinada a los 33 Orientales, cuando fue perseguido por una patrulla brasileña que fuera alertada por el Gobernador de Colonia.  Las maniobras evasivas llevaron a ambos a huir durante los días 12, 13 y 14 de abril.
Isidro Gordon   Hermano de José Gordon, vecino de Las Higueritas, fue detenido por el Coronel portugués Farías, bajo sospecha de estar juntando pertrechos para una posible invasión.  Habiendo escapado, alertó a Tomás Gómez y Carlos Rodríguez, lo que les permitió eludir la captura.  Tendría entonces 15 años.
Florentino Morales Figura entre los colaboradores de las primeras jornadas.  Se unió a la cruzada en el desembarco, y luego figura en la nómina de la Compañía de la Guardia de las Vacas (Carmelo)
Mariano Buján   Peón de la estancia de los Hermanos Ruiz, ayudó a arriar la caballada que finalmente pudo ser entregada a los héroes de la cruzada.

LA FAMILIA RUIZ
La actuación de los miembros de esta familia merece ser destacada aparte, porque fueron por efecto de las circunstancias los participantes más activos de la gesta libertadora.  Y digo que su presencia fue circunstancial, porque les cupo suplir a último momento desempeñar la tarea de apoyo logístico más importante de la fase final de la cruzada.  Los contactos previos de Oribe, Freyre y Araujo habían determinado que los hermanos Tomás y Tiburcio Gómez habrían de proveer la caballada a los efectivos del desembarco.  Pero sea como fuera, esta información llegó a oídos brasileños, y los hermanos Gómez se convirtieron de súbito en sujetos de vigilancia.  Entonces aparecieron los hermanos Ruiz a ocupar su lugar en los hechos.  Esta familia provino de Domingo Ruiz Tagle, oriundo de Santander, España, que en tierra oriental casóse con Juana Paula Luque Chaparro, nacida en esos lares, y que le dio nueve hijos, todos orientales: Verónica (1794), Irene (1795), Rosalía (1796), Dominga (1798), Gabina de los Dolores (1799), Martina (1803), Laureano (1804), Manuel (1807) y Pedro (1812).
Manuel Isidoro Ruiz Luque    Tenía recién 18 años cumplidos cuando se unió a los 33 Orientales en la playa La Agraciada.  Un día de abril de 1825, su cuñado Tomás Gómez se le acercó en plena noche tropeando una caballada y le contó su destino, avisándole que estaba arrastrando a las patrullas brasileñas al interior, y le pedía que no dejara abandonados a los hombres que llegarían al Arenal Grande.  Junto a su hermano Laureano, Manuel hizo la fogata sobre la boca del arroyo Gutiérrez en la noche del 19 de abril, para guiar el desembarco de la cruzada, y a la mañana siguiente les entregaron la caballada prometida por Gómez, la que se demoró porque la habían ocultado en un monte.  Después se unió a la Campaña Libertadora, pero sus pasos se pierden.  En 1832 se lo registra en el padrón cívico de Dolores, y lo siguiente que se supo de él fue que falleció de viruela en Nueva Palmira en 1868, estando casado con Isabel Justiniano.

Laureano Ruiz Luque   participó junto a su hermano Manuel, como se explicó arriba.  Falleció soltero en 1891.
Tomás Gómez    Nació en Dolores Soriano, el 9 de marzo de 1974.  En 1806, con solo 12 años abandonó el lar familiar para unirse a Liniers en la reconquista de Buenos Aires, ciudad donde permanece hasta 1811, en que regresa para incorporarse a los ejércitos de Artigas, con los que revista hasta 1820, cuando a la muerte de su padre, y ya con el grado de Teniente, regresa a las tierras familiares para hacerse cargo como hermano mayor.  En 1822 contrajo enlace con Gabina de los Dolores Ruiz Luque, y a través de sus hermanos Manuel y Laureano entró en contacto con Manuel Lavalleja, Atanasio Sierra y Manuel Freire, y por ellos se involucró con la cruzada libertadora.  Comprometido a proporcionar la caballada necesaria por la expedición, se convirtió en blanco de sospechas de los ocupantes brasileños, razón por la cual deja la mayor parte de los equinos en manos de sus cuñados, y con unos pocos se internó hacia el norte del territorio, procurando arrastrar a las patrullas brasileñas, cosa que logra, cruzando después a Entre Ríos para evitar ser capturado.  Desde Buenos Aires, regresó como Capitán para hacerse cargo de la Guarnición de Las Vacas.  Más adelante combatió en Ituzaingó.  Durante las guerras civiles ascendió a Teniente Coronel en 1837 en los ejércitos de Oribe, y fue comandante militar de Soriano en 1843.  En 1861 se retiró de la actividad militar, pero en 1865 es tomado prisionero por los revolucionarios colorados a la caída de Paysandú, aunque fue puesto en libertad de inmediato por orden de Venancio Flores  Falleció en Dolores el 21 de noviembre de 1872, a los 78 años de edad.

CONCLUSIÓN
La cruzada de los 33 Orientales fue un punto de inflexión en la historia del Uruguay de hoy, en la cual se cubrieron de gloria los héroes por todos conocidos, y también este puñado de hombres que acabo de mencionar, y que la historia ha relegado a un segundo plano.  Vaya entonces para estos prohombres olvidados este homenaje, que no quiere limitarse a ellos, porque quizá existieron otros héroes silentes de los cuales no quedó un solo ápice en la memoria histórica, pero que también habrían colaborado a la campaña por la autodeterminación de los habitantes de la Banda Oriental, que se inició simbólicamente aquel 19 de abril de 1825 con el arrojo de los 33 soñadores conocidos.

 

Autor Francisco Valiñas, Academia uruguaya de historia marítima