Ateneo de Montevideo

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El Ateneo de Montevideo nace el día 3 de Julio de 1886 como resultado de la fusión de dos importantes instituciones: la Sociedad Universitaria y el Ateneo del Uruguay. Las raíces históricas de nuestra institución se remontan a los orígenes de otras instituciones que, en un fermental período de la vida cultural de nuestro país, en sucesivas fusiones, hermanadas por principios filosóficos comunes fueron conjuntando sus esfuerzos.

En su larga vida nuestra institución ha cumplido variados roles dentro de nuestra sociedad y fundamentalmente ha cumplido con la misión que Prudencio Vázquez y Vega sostenía debía cumplir: "Siempre he creido que los centros culturales y literarios de un pueblo son como los focos de donde emanan los principios que deben gobernarlos, basados en tres grandes ideas: libertad, civilización y progreso".

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En los albores de su trayectoria el Ateneo cumplió con su rol cultural y educativo como Universidad Libre, con sus cursos de estudios preparatorios y una Facultad de Derecho. Libre del sistema oficial del Estado, libre de los cambios políticos y del dogmatismo religioso que imperaba en nuestra sociedad.

Destacados hombres de letras, científicos, embajadores y políticos, entre ellos varios presidentes de la República, fueron socios y directivos del Ateneo, practicando en su esfera de actividad pública y privada los principios morales y filosóficos de los cuales la institución ha sido difusora.

Entre los más ilustres personajes políticos que han sido directivos del Ateneo se encuentran: Don José Batlle y Ordóñez (dos veces Presidente de la República), los Ministros Juan Campisteguy y Martín C. Martínez y  los Embajadores: Luis Melián Lafinur, Eduardo Acevedo Díaz, Daniel Muñoz, Rufino T. Domínguez, y Juan Pedro Castro, entre otros.

En materia educativa el Ateneo conjuntamente con la Asociación de Amigos de la Educación Popular, propiciaron la reforma educativa escolar duramente combatida por la Iglesia Católica. Los más distinguidos educadores y propiciadores de la reforma escolar fueron miembros del Ateneo: José Pedro Varela, Francisco Berra y otros muchos.

En el campo cultural nacional en distintas épocas descollaron diversos ateneístas: José Enrique Rodó, Prudencia Vázquez y Vega, Gómez Palacios, Carlos María Ramírez, Sienra Carranza, Pablo de María, Joaquín de Salterain, Julio Herrera y Obes, Elías Regules, José G. del Busto, Vaz Ferreira, Juan Carlos Blanco, y otros.

Es sede física de la Institución un hermoso eficio de tres plantas con 2.400 metros cuadrados de edificación, ubicado frente a la Plaza de Cagancha, en pleno centro de la ciudad de Montevideo. La obra fué inaugurada en el año 1900 y ha sido declarada por sus características y concepción arquitectónica como "Monumento Histórico Nacional".

El edificio tiene en la planta superior una sala de actos y conferencias con capacidad para 330 personas y en la misma planta funcionan talleres y aulas de cursos dictados por la Institución. En la planta principal se dispone entre otras, de dos importantes salas de conferencias y conciertos, donde todas las semanas se dictan distintos cursos y se desarrollan actividades culturales gratuitas.

También la planta principal cuenta con una ampllia sala de reuniones donde sesiona la Junta Directiva de la Institución, con una biblioteca con varios miles de volúmenes y con una importante sala de lectura.

La tolerancia religiosa y cultural que es básica del pensamiento filosófico del Ateneo, ha determinado que distintos movimientos religiosos y filosóficos utilicen nuestras salas de conferencias para dirigir sus mensajes. Aún en épocas ya lejanas cuando se suscitaron tremendas diferencias entre la Iglésia Católica (desde el Club Católico) y la masonería y sectores protestantes (desde el Ateneo), las salas de nuestra Institución estuvieron siempre abiertas para recibir a aquellos que eran sus más tremendos adversarios.

Hoy, a más de 130 años de la vida del Ateneo, los principios liberales que lo acunaron siguen vivos. Hombres y mujeres de distintas generaciones han mantenido enhiesta la antorcha de la libertad y se proyectan hacia el futuro estrechando lazos con otros seres humanos y otras instituciones de diferentes mundos culturales, para juntos transitar en armonía.