Cantante, conócete a ti mismo (1/7)

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Fernando Aramburu Horst

Todo problema vocal tiene solución
si ha sido correctamente diagnosticado. -  Francisco Araiza.

Un estudiante de canto avanzado, incluso quien posee años de experiencia, a determinada altura de su trayectoria puede percibir que sus presentaciones son insatisfactorias; su voz parece ir de mal en peor, nota que hay piezas que ya no puede cantar, cree vivir un período de estancamiento o retroceso. Y en el marco de desorientación y temor que ocasiona el no poseer una clara idea de lo que está pasando, acepta toda sugerencia, hace pruebas peligrosas con su voz, se pone a practicar musculación, no come más carne, toma agua todo el día, cambia de maestro, se automedica, va al otorrino por enésima vez, en fin... le falta ir a una curandera.

Naturalmente, quien no esté en forma, no utilice su voz adecuadamente o sepa a medias lo que pretende cantar, sólo debe esperar mediocres resultados. Pero cuando tales esas premisas parecen estar en regla y el nivel de las actuaciones está muy por debajo de las expectativas, seguramente nada se arreglará al azar.

El cantante posee un instrumento muy complejo, su rendimiento está en función de la constitución de su laringe, las propiedades de su aparato respiratorio, las cualidades acústicas de sus cavidades superiores, la técnica, el oído musical, el grado de conocimiento de las obras, la experiencia frente al público, su sensibilidad y condición artística, la correspondencia entre técnica, voz y repertorio, su edad, training, salud, sus sistemas nervioso y endócrino...

Los componentes de tan maravillosa orquesta interactúan, evolucionan con el tiempo (mejoran o empeoran) y sus fallas o crisis parciales generan cadenas de trastornos, algunos de los cuales se realimentan y aumentan una problemática inicial.

En el No. 104 de Sinfónica, Setiembre 2003, en la página 17 y bajo el título “El Elemento X” leemos: “No todos los cantantes de éxito necesariamente tienen mejores voces y/o técnica que el resto. La supremacía no radica siempre en lo técnico vocal y ni siquiera en un mejor conocimiento de las obras.” Esta afirmación es fruto del análisis de muchas carreras artísticas (brillantes unas, no tanto otras y frustradas las de más allá) realizado por equipos de expertos en entrenamiento vocal, preparadores y psicólogos de performance quienes, sin negar la obvia importancia de las cualidades innatas y el estudio, notaron que a menudo con esto sólo no alcanza.

En el mismo artículo transcribíamos: “La actividad del cantante se parece más a la del deportista y el bailarín, que a la del poeta o el compositor.” Es que los primeros ofrecen al público su creación en vivo, mientras los últimos muestran su producto terminado, revisado y corregido tantas veces como hayan querido y tomándose todo el tiempo que hayan entendido conveniente.

La psiquis juega un rol decisivo. Por intranquilo que fuese un poeta no dejaría de ser brillante, mientras que a un cantante tal rasgo puede ocasionarle graves daños. Tanto que famosos artistas líricos dieron por terminadas sus carreras prematuramente, al no soportar el estrés de las presentaciones. La ansiedad suele traducirse en molestias de orden físico, la voz no responde como se esperaba, luego el cantante experimenta confusión, se desconcentra, le asaltan deseos de no cantar... vienen los errores musicales, etc. La autosuficiencia y la necesidad de destaque (que muchas veces ocultan algún sentimiento de inferioridad) inducen a presentarse con obras temidas hasta por estrellas de la ópera. Algunos después reconocen el desastre, aunque no atinan a nada que los ayude en lo sucesivo, ya que una fuerza interior los obliga a seguir así. Otros se conforman evaluando su éxito por los aplausos, sin pensar que gran parte del público explota con “¡bravo!” ante cualquier alarido dado en un escenario. El cantante inseguro tiende a no desplegar todo su potencial. Si además es poco autocrítico, después responsabilizará al pianista, la acústica del recinto, el cansancio, el clima, el orden del programa, lo que comió anteayer, los influjos negativos de alguien que se le cruzó a la entrada y hasta del olvido de aquella bufanda que le da suerte; mejor debería averiguar si no es víctima de su propia personalidad.

(continúa)


Cantante, conócete a ti mismo (2/7)

El cantante inmerso problemas como los que hemos descrito al inicio de este ciclo debería tratar de ver más claro el panorama y recién luego decidir qué hacer.

A tales efectos propondremos una idea sencilla y antiquísima: conócete a ti mismo. Por medio de una descripción conciente de sus propias condiciones, conocimientos y pensamientos relativos a su persona y al canto, Ud. podrá enterarse de cómo influyen en su conducta (modo de cantar, practicar, estudiar y actuar). Está comprobado que tal relación no es estática, por eso mediante su análisis y concientización es factible actuar sobre ella y, en cierta medida, modificarla hacia una posición más favorable.

El auto conocimiento incrementa generalmente las opciones que se tiene para superar las respuestas habituales insatisfactorias. Y decimos “incrementa generalmente...” en vez de “garantiza...” porque e s un proceso lleno de escollos; su realización requiere absoluta sinceridad, inteligencia, constancia (pues es un proceso continuo) y agallas para, llegado el caso, aceptar aspectos de nuestra realidad un poco decepcionantes y que requerirán un nuevo enfoque.

Por ejemplo, un obstáculo es estar convencido de tener mucha más voz de la que se tiene y alimentar la falacia de convertirse en “cover” de un artista famoso. Así será difícil poner los pies en la Tierra. Otra barrera es que, aún teniendo toda la franqueza del mundo consigo mismo, no es fácil verse objetivamente, sin irse a los extremos de dejarse seducir por las alabanzas de terceros ni caer en la autolimitación.

A veces no hay un verdadero estancamiento, sino que el cantante ha evolucionado desparejo: sabe y entiende más que antes, pero sus condiciones artísticas no acompañaron ese desarrollo y no satisfacen sus exigencias actuales.

El modelo de auto conocimiento que ofreceremos consta de dos fases. En principio, responder un extenso y organizado cuestionario; luego, en base las respuestas, hacer una síntesis de evaluación y proponerse tareas concretas.

Es importantísimo escribir todas las respuestas del cuestionario; primero, porque es largo; y segundo, porque es más fácil razonar y asociar ideas cuando se ven en el papel. Cualquier consideración extra o recuerdo que se cruce fugazmente será anotado, pues así como llegó de improviso, se esfuma a los cinco minutos.

Como un cantante no es sólo eso y tampoco vive en un frasquito, se considerarán también algunos aspectos del entorno y de su conducta en situaciones generales de la vida, todo lo cual influye en la actividad artística.

Tómese todo el tiempo necesario para las respuestas, algunas le insumirán medio segundo –no por obvias deje de tomar nota de ellas- y otras una semana o más. Tal vez muchas cosas ya las sabía, estaban allí más o menos subyacentes, pero les restaba importancia. Otras surgirán como una flor en medio del desierto y lo sorprenderán, pues nunca había pensado en ellas. Si posee grabaciones o vídeos de sus presentaciones anteriores tómelas como valioso material de estudio; también grabe especialmente algunas de esas piezas que nunca se animó a cantar en público.

No deberíamos comentar lo inútil de hacerse trampas al solitario. Sea audaz y no tema verse en el espejo sin maquillaje. Está en juego su futuro. Puede cotejar los resultados de su trabajo con opiniones de personas de su confianza, entendidas o no, pero no con aquellas que suelen dorarle la píldora.

(continúa)


Cantante, conócete a ti mismo (3/7)

Análisis vocal

¿Mi voz es extensa? ¿Tengo agudos fáciles? ¿Mi voz tiene brillo? ¿Es voluminosa? ¿Dispongo de una voz potente? ¿Mi voz está bien catalogada? ¿Mi voz es agradable y limpia? ¿Mi vibrato es normal, no es caprino, ni irregular, muy lento, exagerado? ¿Poseo una voz dura? ¿Mi impostación es buena, o nasal, engolada? ¿Tengo una voz pareja o algunas vocales y ciertas notas no están siempre bien? ¿Mi voz corre o tengo dificultades para hacerme escuchar? ¿Tengo agilidad o me cuesta cantar escalas y arpegios? ¿Controlo bien mi espiración o es algo que debo trabajar mucho? ¿Soy capaz de matizar y filar notas algo agudas, o sólo puedo cantar fuerte? ¿Canto distendido? ¿Mi ataque de las frases es justo, o susurrado, golpeado, portado? ¿Sé cortar correctamente el sonido sin hacer gruñidos ni “enes” finales? ¿Sé perfectamente cómo y porqué hacer las cosas o hago simplemente lo que me sale? ¿Logro mantener la garganta abierta todo el tiempo o aprieto algunos sonidos? ¿Mi legato es bueno, malo, regular, no sé? ¿Puedo cantar mucho rato en la zona de pasaje sin estresarme, o me fatigo demasiado? ¿Sé hacer un trino? ¿Abro bien la boca? ¿Mi lengua se mantiene plana o se me levanta atrás? ¿Mi laringe está baja al cantar?

Análisis del repertorio

Confeccione una lista que incluya todas las piezas que ha cantado en público y las que solamente ha estudiado. Califique una por una cómo cree que las canta y qué dificultades le ofrecen. Responda en cada caso si se compenetra con la música y el texto. Reserve una columna para comentarios de este tipo: “la canté sólo una vez y estuvo regular”, “no me animo a repetirla en público”, “me cansa mucho”, “es mi caballito de batalla”, “no sé por qué no me gusta”, “me resulta muy grave”, “tiene respiraciones excesivamente largas para mí”, “no puedo con sus agilidades”, etc. Luego comente la lista en general y trate de hallar tendencias, por ejemplo “canto muy poco en español”, “mi repertorio es muy limitado, siempre canto lo mismo”, “brillan por la ausencia tales autores importantes”, “sólo arias, nada de oratorio y/o lieder”, “todas las piezas son lentas”, etc.

Análisis de las presentaciones

Anote de la manera más rigurosa posible los lugares y fechas donde ha actuado, adjuntando qué ha cantado cada vez. Trate de recordar y destaque cuando ha estado bien, cuando no y cuáles pudieron ser las razones de cantar mal (externas, como el tamaño de la sala, el calor, el piano muy lejos de usted, etc., o propias, como que ese día estaba mal de voz, hubo poco ensayo, desencuentros con el acompañante, repertorio inadecuado, muchos nervios –piense y anote qué le pudo dar ese nerviosismo o si es normal en usted-). Comente si nota que su nivel baja mucho en las presentaciones respecto a los ensayos, si canta seguido o muy espaciadamente, si hay ciertas salas o épocas del año en que prefiere no cantar.

Análisis físico

¿Soy sano? ¿Mi edad está de acuerdo con lo que me propongo en el canto? ¿Tengo problemas respiratorios, cardiovasculares o endócrinos? ¿Me he realizado un funcional respiratorio? ¿Cómo son mi capacidad y ventilación pulmonar? ¿Taquicardia o arritmia? ¿Soy hipertenso? ¿Practico deporte, caminatas, natación, gimnasia? ¿Cómo es mi alimentación? ¿Mi digestión es buena? ¿Tengo reflujo estomacal? ¿Estoy pasado de peso? ¿Duermo bien? ¿Cómo siento la voz al levantarme? ¿Tengo una vida agitada, trabajo demasiado? ¿Practico relax? ¿Sufro cefaleas, dolores musculares, cervicales o gástricos? ¿Duermo apretando las mandíbulas? ¿A menudo ando ronco, con ruidos en la voz o con flemas? ¿Soy alérgico? ¿Seguido se tapan mis narices? ¿Cómo estoy del aparato auditivo? ¿Me suele picar la garganta? ¿Fumo, fumé, cuánto, cuándo? ¿He consultado un otorrino últimamente, por qué causa, qué me ha dicho?

(continúa)


Cantante, conócete a ti mismo (4/7)

Aptitud artística y conocimientos

¿Cuántos años hace que canto? ¿Cuántos años he estudiado canto? ¿Tengo buen oído musical? ¿Si alguien toca o canta, identifico las notas? ¿Poseo una voz natural y de fácil emisión o debí esforzarme muchos años hasta lograr algún resultado? ¿Qué preparación tengo en solfeo y teoría de la música? ¿Toco bien algún instrumento? ¿Sé qué significan conceptos musicales como “fraseo”, “matices”, “dinámica” y “ritmo”? ¿Aprendo rápidamente una nueva pieza o necesito tiempo? ¿Puedo estudiar solo una nueva obra? ¿Cómo estoy en idiomas? ¿Comprendo textos extranjeros o canto por fonética? ¿Cómo es mi dicción, se entiende lo que canto? ¿He estudiado historia de la música, la vida de los grandes compositores y sus más importantes obras ya sean líricas o instrumentales? ¿Al escuchar discos, reconozco instantáneamente las voces líricas más importantes del siglo? ¿Sería capaz de dar una charla sobre belcanto? ¿Me gusta aprender? ¿Soy trabajador, tesonero, puedo sacrificar muchas cosas por el canto? ¿Tengo buena memoria para la música? ¿Soy buen actor/actriz? ¿Tengo buena figura para estar en un escenario? ¿He estudiado arte dramático? ¿Ensayo la mímica o dejo que salga espontáneamente? ¿Al cantar hago gestos estereotipados o sin sentido? ¿Soy natural o sobreactúo? ¿Mi expresión es genuina o copio lo que hacen otros? ¿Me filmaron alguna vez, cómo me hallé? ¿Cómo me muevo, abro bien la boca? ¿Tengo tics? ¿Y mi postura? ¿Profundizo las obras desde el punto de vista estilístico, histórico y literario? ¿Podría dar una explicación de cómo funciona la laringe? ¿Sé qué sucede a ese nivel cuando se realiza el pasaje y cómo se facilita su ejecución? ¿Tengo claras mis ideas acerca del sonido y la resonancia? ¿Conozco qué diferencia a las vocales y qué clases de consonantes hay? ¿Soy capaz de explicar cómo se respirar al cantar y por qué? ¿He comprendido completamente las viejas frases “aperto ma coperto” y “cantar sul fiato”?

Aspiraciones, dedicación y entorno

¿Por qué empecé a estudiar canto? ¿Qué representa el canto en mi vida? ¿Creo que tengo condiciones artísticas? ¿Ansío ir a clase, o falto sin razones valederas? ¿Obligo a mi maestro a repetirme siempre lo mismo o agarro al vuelo sus explicaciones y logro superar mis ejecuciones? ¿Tomo tan en serio el canto como si fuese una carrera universitaria? ¿Sigo un plan de estudio? ¿Practico asidua y pacientemente una rutina planificada de vocalizaciones? ¿Sé qué objetivo tiene cada ejercicio vocal o repito mecánicamente lo que un día me enseñaron? ¿Voy al detalle de las obras, respeto la partitura o soy algo desprolijo? ¿Más bien canto de oído? ¿Me baso mucho en grabaciones? ¿Dispongo de un buen lugar y horarios adecuados para practicar? ¿Tengo un buen pianista acompañante? ¿Mis presentaciones son “donde salgan” o forman parte de un plan de acción? ¿Mis aspiraciones están de acuerdo a las horas que dedico? ¿Hasta dónde me he propuesto llegar? ¿Me conformaría con ser un pasable aficionado o quiero convertirme en cantante profesional? ¿Soy conciente de que pierdo (he perdido) el tiempo? ¿Estoy al tanto de lo competitivo que es el ambiente lírico? ¿En mi casa otros cantan o tocan instrumentos? ¿El canto está integrado a mi vida familiar, a las personas con quienes convivo les gusta que cante? ¿Qué opinión tenían mis padres de que yo me dedicara al canto? ¿Vivo preocupado por problemas de trabajo, mi situación de pareja, etc.? ¿Tengo suficiente tiempo para estudiar? ¿En mi país hay oportunidades para ver seguido grandes cantantes? ¿Tengo amigos cantantes con quienes intercambiar grabaciones, reunirnos para escuchar discos, ver y comentar óperas en video? ¿Tengo (tuve) buenos maestros de canto?

(continúa)


Cantante, conócete a ti mismo (5/7)

El factor subjetivo

Esta sección es la más árida de todas. Es fácil darse cuenta que se sabe poco solfeo o que los agudos están tirantes, pero un auto examen mental ofrece resistencias. Suele remover conflictos antiguos y profundos, hacer asomar a la conciencia problemas reprimidos que se tiende a negar, olvidar, soslayar, proyectar... en pocas palabras: que nuestro yo se defiende tenazmente de ellos. Tanto, que una abrupta ocurrencia a mitad del cuestionario podría ser desvalorizar peyorativamente el análisis, suspenderlo y... seguir como hasta ahora. Esté alerta de tales reacciones producidas por miedo a ver la realidad. Recuerde que poderosas razones de índole psíquica pueden arruinar una carrera. Entonces, ¡adelante!

¿Alguna vez hice psicoterapia, qué pasó con ello? ¿Pienso que tengo sentimientos de inferioridad? ¿Me auto compadezco? ¿Digo muy seguido “¡siempre me pasa todo a mí!”? ¿Cómo me relaciono con otras personas, normal, muy poco, tempestuosamente? ¿Tengo muchos amigos o llevo una vida solitaria? ¿Me importa el qué dirán? ¿Soy tranquilo? ¿Soy muy variable? ¿Soy excesivamente cauto, temeroso, inseguro o peco de suficiente? ¿Me divierto en las fiestas o me quedo en un rincón? ¿Me gusta bailar? ¿En mi casa me obligaban a hacer todo perfecto o eran permisivos? ¿Yo actúo igual conmigo mismo? ¿Soy demasiado exigente conmigo y con los demás? ¿Me gusta mi voz? ¿Confío en mi técnica? ¿Me siento seguro de mi manera de cantar o tengo muchas dudas acerca de cómo lo hago? ¿Cómo me veo en los videos? ¿Hay colegas con quienes no quiero cantar (por qué)? ¿Soy demasiado competitivo? ¿Por qué me fascina estar en un escenario? ¿Cuando intervengo junto a otros cantantes, siento la obligación de ser quien arranca más aplausos del público y pelearía por hacer el cierre del programa? ¿Nunca pensé que prefiero hacer dúos con alguien que no cante bien, así yo me destaco? ¿Hay personas que deseo que no estén en la platea durante mis presentaciones, por qué? ¿Me concentro al cantar, o dos por tres sufro distracciones? ¿Me ha pasado de entrar a destiempo, cuándo, a qué se debió? ¿Tengo miedos infundados de desafinar, no dar algunas notas u olvidarme de la letra? ¿Crece excesivamente mi tensión a medida que se acerca la presentación y ese día me pongo “histérico”?, ¿otros me lo han hecho notar? ¿Necesito beber algún licor o recurrir a cábalas antes de cantar (llevar cierta corbata, entrar con el pie izquierdo, preferir que me digan “in bocca al luppo” en lugar de desearme suerte, etc.)? ¿Alguna vez me he enfermado justo antes de cantar (diarrea, alteración de la presión, mareos, dolor de cabeza, flemas)? ¿He tenido súbitos ataques de estornudos, tos o ligera afonía mientras esperaba el momento de entrar al escenario? ¿Controlo mi ansiedad o me sobrepasa? ¿Estoy un poco descorazonado por haber dedicado tanto tiempo al canto sin mayor éxito, en vez de haberme empeñado en algo más redituable? ¿Experimento cierta culpabilidad por haber abandonado un poco, en aras del canto, a familiares cercanos que me necesitaban? ¿En otras situaciones de mi vida tuve fracasos que no pude explicarme? ¿Se me seca constantemente la boca cuando canto, me tiemblan un poco las piernas o experimento molestias en el estómago? ¿Hay personas que suelen alterarme de algún modo antes de cantar, quiénes, por qué? ¿Soy celoso, envidio a otros cantantes? ¿Me deprimo fácilmente? ¿Estoy cansado de luchar con mi voz? ¿Me enojo, trato de colaborar o sigo en lo mío ante las contrariedades o cambios que a veces se producen en los ensayos o conciertos? ¿Si he estado mal en un evento importante, a qué lo he atribuido, a mi salud, mi técnica, mi voz, falta de estudio, mis nervios o no sé? ¿Qué creo que los demás piensan de mí y de mi canto (o es algo que no me interesa)? ¿Soy frío y calculador o me dejo llevar por las emociones? ¿Me considero optimista y alegre? ¿Creo que mi personalidad y temperamento entorpecen mi labor artística? ¿Si durante algún período de mi vida dejé de cantar, cuánto tiempo fue, por qué causa? ¿Si tuve muchos maestros, porqué dejé a cada uno de ellos? ¿Si me critican, sé separar lo que me dicen, de cómo me lo dicen y quién me lo dice?

(continúa)


Cantante, conócete a ti mismo (6/7)

Síntesis y guías de acción

En base a sus respuestas, que se supone fueron sinceras y exhaustivas, haga ahora una lista a dos columnas, poniendo de un lado todos los factores que encuentra positivos y del otro los negativos. A cada renglón asígnele un puntaje de importancia, de 1 a 10. Luego y con calma razone relacionando entre sí respuestas de los diversos cuestionarios, hallará que muchas se cruzan.

Ejemplos: Si no ha resuelto algunos aspectos de la técnica comprobará que puede estar flojo en teoría vocal, en consecuencia hay arias con determinadas dificultades que no canta bien y por eso las tiene relegadas aunque sean adecuadas a su voz; usted desearía incluirlas en próxima presentación, pero no se anima... y si lo hace luego vienen la ansiedad, el insomnio y los dolores de barriga una semana antes del concierto. Si sobrestima su material vocal algunas piezas de su repertorio no serán apropiadas y posiblemente le traigan el recuerdo de un fracaso en cierta sala (no le dio la voz, hizo un gallo, se le cortó una frase por la mitad); inconscientemente eso puede producirle angustia si debe volver allí. Una limitada preparación musical y/o lingüística casi siempre se corresponde con un repertorio pequeño, muy trillado y no siempre bien escogido. Cuando alguien no posee sobradas condiciones técnico-vocales y, paradójicamente, quiere ser siempre la estrella del espectáculo, no debería sorprenderse porque maltrata su órgano vocal, sobreactúa escénicamente, grita bastante, hasta desafina y se come partes del texto. También vea lo positivo.

No se desanime si encuentra demasiados problemas para resolver. Hay grupos de dificultades que tienen una raíz común, diríamos que son “síntomas de una misma enfermedad”, y al tratar ésta correctamente desaparecerán todos juntos. Usted debe diagnosticar la enfermedad y no seguir usando paliativos a los síntomas.

Haga una lista de los defectos principales, déles un orden de importancia y empiece a trabajar por allí, es imposible abarcar todo simultáneamente. Si es conciente que no sabe respirar, déle prioridad absoluta, pues es la base de la emisión de la voz. Ello tal vez le exija dejar de cantar en público durante unos meses, hasta agarrar la mecánica adecuada, de lo contrario seguirá reforzando sus malos hábitos.

Póngase metas más o menos inmediatas y comprobables, como: resolver cierto compás o determinada vocalización, ligar mejor determinada frase, aprender a no hacer muecas (fílmese, vocalice y practique el repertorio frente a un espejo, aunque sea marcando). Si vive luchando con los agudos, averigüe científicamente qué es lo que hace mal, no invente nada ni ande tanteando con la voz. Para todo otórguese plazos razonables, pero cúmplalos, no deje que las tareas se vayan deshilachando en el tiempo. También planifique a largo plazo y estudie asignaturas como solfeo, idiomas, actuación, un repertorio más variado... Trace sus propios planes, de acuerdo a sus deseos y posibilidades, no copie lo que hacen otros.

De pronto Ud. es indisciplinado y debería empezar por ahí. La alegría que le brindará el estar en camino de cantar bien debería ser parte de las motivaciones que regulan su vida.

Cuando lo crea conveniente haga simulacros de conciertos, cante frente a amigos, familiares, otros cantantes. Y hágalo tan concentrado como si estuviera frente a un importante jurado y ¡muy importante!, no se detenga si se equivoca. Es imprescindible que otros lo escuchen y valoren su avance. Grabe nuevamente las arias que utilizó para el análisis; luego escúchelas con la partitura adelante, determine y marque qué parte no está afinada, dónde la voz sigue un poco dura, qué palabra no se entiende, en qué frase el aire no le alcanzó, dónde entró a destiempo...

Las respuestas al cuestionario son información sin desperdicio, recurrirá a ellas muchas veces en el futuro. Revise sus buenas actuaciones pasadas, escriba con lujo de detalles qué cantó, por qué eligió ese repertorio, cómo se preparó y los sentimientos, pensamientos y acciones que precedieron a las exitosas actuaciones. Una nueva actuación se basará en lo positivo que usted ya hizo antes y en la mejora que ha iniciado.

(continúa)


Cantante, conócete a ti mismo (7/7)

Un buen “truco”, mejor dicho, una buena técnica de aprendizaje es estudiar mentalmente. Use su imaginación. Acostúmbrese a repasar mentalmente la música y los textos que va a cantar. Cierre los ojos e imagínese que está frente a una platea rebosante y que, escuchándolo atentamente, se encuentra una de esas personas que en la realidad le provocaría nervios. Practique así muchas veces, se acostumbrará a ver el público y conseguirá que esa persona no le suponga un peligro. Piense que la gente está ahí para disfrutar de su canto; y usted debe disfrutar por darles esa alegría. ¿Sabe cuántos quisieran ocupar su lugar?

La mayor parte de los cantantes creen conocer bien su voz y puede que estén en lo cierto, pero si a Ud. varios le han sugerido que es “un tenor corto”, “bajo-barítono” o “mezzo con color de soprano”, puede que su voz esté mal catalogada. Cambiar de registro no se hace de un día para el otro (a Carlo Bergonzi le llevó tres años) y no es por el nuevo repertorio, sino porque alterará la autopercepción de su voz, desplazará la zona de pasaje, el color buscado será otro, etc. Haga lo que le dé mejores resultados. No se trata sólo de “tener la voz”, también se precisan salud y físico adecuados. Ejemplo: si usted es un poco asmático difícilmente podrá cantar como tenor heroico, aunque tenga cuerdas vocales de un Lauritz Melchior. En tal caso, en vez de un frustrado heldentenor conviértase en un buen barítono de cámara.

Quizás también deba modificar su comportamiento durante las presentaciones.

Evite detener su mirada en los rostros del público; proyecte su voz hacia allá, no hacia el piso. Párese con cierto aire de autoridad (sin pasar por petulante); la postura y el gesto son importantes para su autoconfianza y estrechar el contacto con el público. No intente demostrar una voz más grande de la que tiene. Considere cada pieza de una presentación como un pequeño concierto en sí mismo. Concéntrese en las obras una por una, en ese momento nada de lo anterior ni de lo que vendrá importa. Aprenda a relajarse entre pieza y pieza, no se apure para continuar, dé tiempo a su memoria y emociones para enfocar la música, texto y carácter de lo que sigue. Mientras canta no vaya simultáneamente analizando cómo le está saliendo, debilita la concentración. No sacuda su cuerpo, su cabeza o un brazo al compás de la música. Evite gesticular como los niños que recitan en el colegio.

El día de la función, repita pensamientos positivos, ¡sonría! Dígase frases auto sugestivas como “lo voy a hacer muy bien”, “estoy contento de ser cantante”, “he mejorado mucho”... Ese día aíslese del mundo, no se ponga a ver dramas en TV y tampoco escuche o lea sobre música; camine por la mañana y luego vocalice suavemente 15 minutos. Desayune liviano, sin dulces. No hable demasiado, pero no esté mudo todo el día. Haga ejercicios respiratorios, relax y estiramientos, coma tranquilo y masticando bien, preferentemente ingiera proteínas, sin mucha sal ni picantes. Si hace una siesta, que sea corta y a más de cuatro horas antes de la actuación (¡no para compensar lo mal que pasó la noche!). Por la tarde vocalice otro poco, explore someramente los extremos de su voz y tómese una hora para repasar mentalmente su actuación. No haga cambios de último momento. No se enfrasque en largas discusiones ni charlas telefónicas con otros colegas, ahorre energía para el momento de cantar. El día después revise todo como ya sabe y adjunte sus consideraciones al auto análisis, para usar ese conocimiento en su preparación futura. Sea paciente, no hay soluciones mágicas, llegar a cantar bien es como ayudar a crecer a una planta. Si Ud. ya no es un muchacho nada logrará salteándose etapas, no pretenda hacer lo que hacen otros de su edad, pero que han resuelto casi todos sus problemas hace muchos años. No exija a su voz más de lo que puede dar.

Finalizamos este ciclo recordando el siguiente diálogo, tomado de Alicia en el País de las Maravillas:

- ¿Podría decirme cómo puedo salir de aquí?

- Todo depende de adónde quieras ir.

(fin)