Entrenar el oído para educar la voz

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Es sabido que aunque nacemos con los órganos prontos para aprender a hablar, la adquisición del lenguaje depende antes que nada del oído y el entorno sonoro en que crecemos, siendo éste la materia prima del aprendizaje. Y la posibilidad de llegar a cantar descansa sobre el desarrollo musical que el oído haya alcanzado desde la más tierna infancia.  "Oído para cantar" es la habilidad de unir dos funciones, una mental y la otra motriz; es la coordinación de una fiel memoria auditiva (que permita imaginar sonidos musicales) con los órganos y músculos que intervienen en la producción de la voz (para reproducir con seguridad y facilidad el sonido pensado). El oído musical no está directamente relacionado con la inteligencia, el amor por la música o la belleza de la voz; ni siquiera con saber leer las notas o tocar un instrumento. Y es notorio el caso de cantantes de muy buen un oído que no tenían demasiado conocimiento de la notación musical (fenómeno que el maestro de canto detecta bastante seguido con sus nuevos alumnos).

Cuando se es incapaz de entonar, proponérselo mediante el estudio de la música será decepcionante pues, salvo los niños, no se aprende o, como lo indican opiniones autorizadas, llevaría una vida entera lograr apenas un mínimo resultado. Sergius Kagen, de la Juilliard School, dice: "Supongo que un estudio de 20 años a razón de tres o cuatro horas diarias con un maestro angélicamente paciente podría permitir adquirir algo de la coordinación básica que una persona con condiciones ya posee antes de empezar el estudio del canto".

Quien posee oído para el canto puede desarrollarlo muchísimo mediante un entrenamiento adecuado que apunte a dos objetivos: 1) Lograr que la reacción vocal frente a los tonos representados en el pentagrama sea instantánea; 2) Adquirir un alto grado de percepción del timbre de la voz (propia y ajena).

Lo primero se logra por la vía clásica: el estudio paciente y metódico del solfeo cantado,  teoría de la música, técnica de canto y mucho mejor si todo va acompañado con el aprendizaje de un instrumento.

Lo segundo -muy descuidado en la actualidad por razones de entorno- se obtiene entrenando el oído a captar el contenido armónico de la voz humana, hablada y cantada, escuchando mucho y con suma atención las voces que nos rodean así como cantantes de todas las cuerdas, buenos (preferentemente) pero también regulares y malos; y sobre todo en vivo, teniendo mucha cautela con las grabaciones modernas y los videos, pues los laboratorios de sonido adornan demasiado la realidad.

Hay que adquirir una fineza auditiva que permita analizar por separado y con precisión las cualidades tímbricas de las voces sin ser distraído por atributos tales como musicalidad, rango vocal, potencia o interpretación artística, que son mundos aparte.

Algunos estudiantes sólo oyen las grabaciones de sus clases, otros sólo a cantantes de su propia cuerda. Es insuficiente, pues acotan el entrenamiento del oído y el desarrollo de su memoria auditiva, dejando de lado los infinitos timbres que la voz humana es capaz de mostrar. Cuando esto está en pañales, hasta el más afinado apenas se percata si emite sonidos feos, cuando su voz suena despareja o está mal impostada. Y muchos problemas técnicos que parecen insolubles pasan por aquí. Porque quien no logra producir un sonido mejor, a menudo no debe ello a una carencia natural de su instrumento, sino a que el timbre del sonido que se propone (que piensa) no es de buena calidad y porque no le funciona el control que, también a través del oído y en combinación con la memoria auditiva podría ejercer sobre la resonancia, ecualización, pureza, color, cuerpo y brillo de su voz.

Decíamos que el entorno influye, porque cuando un muchacho se ha pasado desde la infancia viendo en TV durante horas y horas saltar vociferando con los micrófonos a 1 cm de la boca, o enchufado a sus walkman escuchando voces feas, afónicas, gritadas, blancas, guturales, destempladas, emitidas de cualquier manera y muchas veces tan fuera de tono que hacen del arte del canto un atentado a la Escala Pitagórica, así... así es muy difícil recuperar las posibilidades de haber desarrollado tempranamente un oído musical. Un joven tenor me preguntó con total naturalidad: "¿Luis Miguel tiene más voz que Pavarotti?".

Lo dicen los que saben: quien no sabe escuchar cantar no podrá cantar bien.